“Mientras que en España el empresario tenga mala reputación, difícilmente conseguiremos consolidar la buena reputación de nuestras empresas”

Cuando en Las Buenas Empresas hablamos sobre lo que hacemos, hay una preocupación recurrente que los directivos y gestores de las compañías suelen compartir: mientras que en España el empresario tenga mala reputación, difícilmente conseguiremos consolidar la buena reputación de nuestras empresas. Con este tono pesimista, o quizás de resignación, ponen de manifiesto el rechazo que existe en nuestro país hacia aquella persona que en un momento de su trayectoria profesional decidió arriesgar recursos, esfuerzos y noches sin dormir para emprender un negocio que, tiempo después, se encuentra generando riqueza, desarrollo económico y puestos de trabajo. Se refieren a esa actitud generalizada contraria a la figura del empresario, que en ocasiones es tachado de oportunista, explotador, y otros tantos adjetivos, por una parte más o menos amplia de nuestra sociedad. No ayuda a mejorar su fama la cruzada de algunos líderes políticos contra las grandes compañías de nuestro país, y aún nos sorprende comprobar las reacciones que desatan ciertas acciones corporativas de mecenazgo o de responsabilidad social. Todavía se habla contra Amancio Ortega sobre los 320 millones de euros que donó hace unos meses a la sanidad pública para la lucha contra el cáncer. ¡Calderilla para la fortuna que tiene! ¡Que se limite a pagar sus impuestos! ¡Qué sinvergüenza! (y otros comentarios más o menos desafortunados).

Más allá de las razones que han motivado esta repulsa hacia aquel que tiene éxito en sus actividades empresariales (incluso más allá de las razones por las que acciones a priori responsables son a veces malinterpretadas), desde Las Buenas Empresas nos hemos planteado cómo podemos contribuir a cambiar esta percepción y ayudar a los empresarios a potenciar y consolidar la buena reputación de sus negocios. Y es que en todas las compañías con las que trabajamos hemos encontrado un denominador común: un conjunto de valores que van más allá de obtener buenos resultados económicos u ofrecer buenos productos o servicios exclusivamente.

“Si la naturaleza humana no sintiese la tentación de arriesgarse o la satisfacción (más allá del beneficio) de construir una fábrica, un ferrocarril, una mina o una granja, no habría mucha inversión como resultado único de un frío cálculo.» ― John Maynard Keynes en The General Theory of Employment, Interest, and Money

“La mejor razón para iniciar una empresa es que esta tenga sentido, sentido para crear un producto o servicio que la sociedad necesite, y de esta forma hacer un mundo mejor.” – Guy Kawasaki, empresario, inversionista y desarrollador de Macintosh

¿Cómo contribuimos en Las Buenas Empresas a cambiar la percepción sobre la figura del empresario?

Si bien no es tarea de un día y hay muchos otros aspectos que deben evolucionar (empezando por establecer una regulación razonable que fomente comportamientos empresariales responsables, y siguiendo por un argumentario de las altas instancias a favor, y no en contra, de nuestros empresarios), la labor de consultoría que desarrollamos en Las Buenas Empresas busca ayudar a los líderes empresariales a:

  • Identificar ese propósito que va más allá y plasmarlo en forma de narrativa corporativa, de manera que las empresas aprendan a contar no sólo qué hacen sino por qué lo hacen.
  • Conectar con aquellas personas a quienes de verdad importa o afecta lo que somos y hacemos (nuestros stakeholders o grupos de interés) e interactuar con ellos.
  • Poner el foco en las personas y dar voz a nuestros empleados. Ellos son quienes conforman nuestras empresas y, por tanto, el entramado empresarial español.
  • Pensar en local y diseñar acciones que sean relevantes para la comunidad que nos rodea. O a veces simplemente comunicar las acciones que estas Buenas Empresas ya realizan pero que no están transmitiendo de forma efectiva.
  • En definitiva, generar confianza y desmitificar la figura del empresario mostrando a la sociedad que no era cierto todo lo que nos habían contado sobre ellos.

Este es nuestro compromiso por devolver a los empresarios el prestigio y reconocimiento por la labor que desempeñan en aras de nuestra economía. Porque no hace falta ser una empresa grande para ser una gran empresa, ni un reputado empresario para gozar de buena reputación. Pero de esto seguiremos hablando en próximas publicaciones…

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