Mi familia tiene hábitos de consumo responsables (y las empresas se están dando cuenta)

¿Cuántas veces hemos escuchado que “la responsabilidad de las empresas cada vez influye más en las decisiones de compra de los consumidores”? Esta afirmación, frecuentemente utilizada en el ámbito empresarial como un motivo más para incorporar la responsabilidad corporativa en la forma de hacer negocio, parece a veces una frase hecha a la que no prestamos mayor atención. ¡Pero es cierta! ¡Y cada vez más! Y no hacen falta grandes estudios para demostrarlo: en mi familia (una magnífica familia española de clase media con representantes de todas las generaciones) hemos encontrado desde Las Buenas Empresas el mejor de los focus groups.

El nuevo tema de moda de las reuniones familiares

Domingo, seis y pico de la tarde, el telefonillo de casa de nuestros abuelos suena repetidamente. Familiares de todas las edades dispuestos a echar el rato tirados en el sofá, sin pretensiones. Los temas de conversación van surgiendo y hay uno que nunca falla: la comida. Pero aunque siempre hemos sido expertos en recetas y restaurantes, recientemente nuestro interés ha evolucionado hacia un tema que nos tiene obsesionados: la alimentación consciente y responsable. Contamos con universitarios concienciados con el impacto ambiental de lo que consumen, padres preocupados por la calidad nutricional de lo que comen sus hijos, primas con intolerancias alimenticias y tíos que presumen de que van al mercado y compran “kilometro cero”. Además, como en mi familia no somos de quedarnos de brazos cruzados, el lunes algunos deciden comer menos carne, analizan con lupa el etiquetado de su despensa o dedican una hora de supermercado a elegir bombones sin aceite de palma. Historias reales.

Consumidores más conscientes

Y es que, sin lugar a dudas, cada vez somos más conscientes de lo que consumimos. Según datos de Asedas (Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados), la conciencia sobre el origen de los alimentos que compramos no deja de crecer entre los españoles, así como sobre otros problemas relacionados, como el desperdicio alimentario. Además, nuestra mayor conciencia no se limita a la alimentación. Hace unos años, pocos se preguntaban cuáles serían las condiciones de trabajo de quienes fabrican las piezas de su teléfono móvil, cuántos gases emitiría su coche o cuánta agua habría hecho falta para producir su ropa. Estamos más informados y somos más críticos hacia comportamientos empresariales que no casan con nuestros valores.

¿Pero somos coherentes?

Los estudios (y mi familia) también indican que, más allá de la relación calidad-precio, el español medio comienza progresivamente a tener en cuenta sus principios personales en los criterios de consumo, de forma que valora el comportamiento de las compañías que hay detrás y lo tiene en cuenta en el momento de la compra.

Optimista se muestra el estudio “Marcas Auténticas”, publicado el pasado mes de junio, el cual muestra que más de la mitad de nosotros ya somos “consumidores coherentes”:

CoherentesFuente: Somos Quiero

Sin embargo, parece que más de un 45% de los españoles sigue teniendo motivos para no querer adoptar un estilo de vida más sostenible. Algunos motivos son muy razonables, como el sacrificio que puede implicar para la economía familiar (“es más caro”, “no tengo tiempo”). Otros revelan una falta de educación en este ámbito o falta de transparencia por parte de las empresas e instituciones (“no lo sabía”, “no sé cómo hacerlo”). Sin embargo, muchas veces los motivos están fuertemente arraigados en nuestra cultura y reflejan un fuerte escepticismo hacia la sostenibilidad (“lo haría pero no sirve para nada”, “es todo mentira”, “es inalcanzable”, “es elitista”, “es una moda”).

El reto de Las Buenas Empresas

En Las Buenas Empresas estamos convencidos de que podemos contribuir a que más personas adopten un estilo de vida sostenible, en la medida de sus posibilidades, concienciando y comunicando buenas prácticas que sorprenderían hasta al mayor de los escépticos.

Además, queremos ayudar a que las empresas pongan el foco en el consumidor y en dar una solución a sus verdaderas preocupaciones. Creemos que la responsabilidad corporativa no está bien entendida si no se escucha a los públicos clave de la organización y si las acciones de RSC no se transforman en valores positivos y tangibles para ellos. Esto supone también oportunidades para todo tipo de empresas:

  • Las grandes marcas tienen en su mano la oportunidad de poner en valor lo que ya hacen y consolidar su reputación. Paradigmático es el caso de las cadenas de supermercados que este año, tras el debate que se abrió sobre el aceite de palma, negociaron con sus proveedores la reducción del uso de este e incluso dejaron de comercializar algunos de productos.
  • También es una oportunidad para que nuevas marcas y empresas más pequeñas compitan en reputación con las anteriores. Para ser una marca relevante no hay que ser grande, sino comunicar con honestidad y transparencia y transmitir autenticidad. En esto las economías locales son expertas, por lo que puede ser una buena oportunidad para su resurgimiento a través de canales que lleguen a un público más amplio.
  • Por último, es una oportunidad para los emprendedores, para que comiencen su andadura adoptando principios responsables como parte de su ADN, no solo para dirigirse al consumidor, sino también para atraer inversión y al mejor talento.

Independiente de los motivos por los que las empresas decidan reenfocar su responsabilidad corporativa (por convencimiento, reputación, obligatoriedad o motivos meramente económicos), lo que parece claro es que hoy la notoriedad y lealtad de marca que están consiguiendo las empresas que ya actúan responsablemente tiene a la mitad de las familias españolas conquistadas. A la mía seguro, aunque queda mucho por hacer.

el consumidor coherente4_fechabajoFuente: Somos Quiero

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